miércoles, 12 de marzo de 2014

GERO ARTE ETA OHORE

                                                       
"Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo,       volver otra vez a luchar y así hasta la victoria, esa es la   lógica del pueblo”.
Mao Tse Tung

                                                         








                                                       Gero arte eta ohore



Viendo las imágenes de los hechos sucedidos el pasado lunes 3 de marzo y viendo el revuelo que se ha montado a su alrededor, apartando el foco del verdadero rostro del problema y de sus verdaderos causantes, no puedo evitar que me venga al recuerdo la imagen que vimos el viernes 21 de febrero .Imagen en el que la mayoría solo ve el final de una historia pero yo por más que lo intento solo consigo ver el principio. Por mucho que lo digan también los propios protagonistas. Solo veo el principio.

Mirando la imagen me vienen de su interior un montón de imágenes que se entre mezclan, veo a cientos de personas que sin saber que serían sus últimos minutos de vida caminaban como cada lunes por su pueblo a pesar de la advertencia de un posible avance del enemigo.

Veo personas que desconocían que caminaban bajo la muerte.
Veo centenares de cuerpos sin vida.
Veo personas que desde ese mismo instante dejan de tener noticia alguna de sus familiares y amigos. Familias rotas.
Veo largas colas de personas que huyen del horror hacia el desamparo.
Veo campos de concentración.
Veo amores truncados.
Veo personas huyendo del horror dejando atrás todo lo que ellos mismos habían contribuido a levantar y que no dudarían en volver a levantarlo (los que tuvieron la suerte de regresar) como un niño que vuelve a levantar el castillo de arena por la mañana olvidando o quizás con el conocimiento de que cada día las olas volverán a tirarlo por la noche, pero había que reconstruirlo primero y después volver a defenderlo.
Veo personas que tienen que comenzar una vida desde cero dejando un panorama gris tras ellos y negro e incierto por delante, pero con esperanzas de volver algún día.
Veo personas hechas prisioneras, fusiladas y tiradas en las cunetas. Las cunetas del olvido.
No dejaremos de buscaros gritando alto vuestros nombres.
Miles y miles de personas de las que no se volverá jamás a tener noticias.
Veo a personas empujadas a acabar con vidas ajenas para defender sus tierras.
Veo personas que salen al frente, sin conocimiento bélico alguno, sin más armas que sus fusiles y sin más protección que la que ellos mismos construían, pero con todo su corazón. Para defender sus tierras, sus casas, su gente. Aun siendo conscientes o quizás sin llegar ni siquiera a plantearse que perderían su vida.
Veo miles de luchadores caídos.
Veo miles de gritos silenciados. Ni las balas ni las bombas pudieron matar la verdad.
Veo personas que son capturadas en una emboscada en Santoña, imagen que para muchos también significaba el final de la historia. Pero por lo visto aquello no fue más que el principio de otra historia pero con el mismo objetivo final.
Veo madres, hermanas, hijas, tías, cuñadas violadas mientras torturan a su pareja en la habitación de al lado.
Personas detenidas y torturadas por haber tenido la suerte de nacer donde nacieron y a los que se les niega el derecho innegociable de comunicarse en su propia lengua.
Veo un pueblo que demuestra que se mantiene con vida y que se vuelve a organizar para dar si hiciera falta la vida por defender su lengua, su tierra, sus casas, su gente.
Veo personas colocando ikurriñas ante su prohibición y centenares de ellos prisioneros por enfrentar dicha imposición quemando trapos del invasor.
Veo dos jóvenes asesinados por su militancia.
Veo a los más de 180 muertos desde entonces hasta la fecha de hoy en día entre presos, deportados y exiliados.
Veo personas empujadas a acabar con vidas ajenas. Cosa nada fácil por otra parte para quien ama la libertad y está dispuesto a correr el riesgo de renunciar para siempre a toda una vida e incluso a perderla por conseguirla.
Veo gente que tiene que abandonar para siempre su vida para comenzar a construir una nueva olvidando que las olas volverían a tirarlo de nuevo todo en algún momento. Estaremos con vosotros hasta el último suspiro.
Veo personas que no volverán a ver a sus padres.
Veo padres que no volverán a ver... a sentir a sus hijas/os.
Veo hijas/os que nacen y crecen en prisión.
Veo hijos/as que no conocen a su padre.
Veo familiares portando féretros acompañados de pueblos enteros.
Veo personas casándose en prisión en completa soledad y rodeadas de hienas carroñeras. Separándolos tras el si quiero y vestidos de presos. Humilladas.
Veo personas incomunicadas.
Veo madres, padres, hermanos/as, hijos/as, cuñados/as, tíos/as, amigos/as... que pierden la vida en las carreteras por tener que conducir miles de kilómetros para poder ver a su familiar, cuando lo pueden ver.
Veo vidas perdidas y otras a las que su economía casi no permite ni eso, pero hay mucha gente que sin ningún ánimo de lucro dedica su tiempo para conseguir los medios necesarios para que eso se haga posible.
Veo madres y padres sufriendo por no poder auxiliar a sus hijos/as enfermas.
Veo personas que aunque fuera acertada o equivocadamente, vinieran de quien vinieran las órdenes... dieron su vida por su gente.
Veo más de 800 muertes causadas por el invadido como consecuencia del conflicto.
Veo miles de adioses sin despedida.
Veo personas que se reunieron para buscar soluciones por vías pacíficas, traicionadas, engañadas y encarceladas.
Veo personas que se unen para hacer frente a la imposición de una bandera manchada de sangre.
Veo acciones que aunque pudieran llegar a ser condenables y aunque la dirección de la verdadera causa sufriera cambios en varios momentos, algo normal por otra parte ya que cabe la posibilidad que de entre tantas ovejas negras alguna salga blanca, por estadística, eso es incontrolable.
Pero a pesar de esto veo personas que lo apuestan todo, sus vidas, acabar presos, tener que huir dejando atrás toda su vida para siempre y empezar de cero. Volviendo a levantar el castillo de arena una y otra vez.
Veo dos personas que entregan cuatro pistolas como si fueran simples delincuentes. Ya sea por culpa de unos o de otros pero esta historia no merecía tener ese final, final que por otra parte sigo sin ver.
Solo veo el principio de otra historia que continua con el mismo objetivo y aunque hasta un pequeño sector de nosotros mismos nos sigamos empeñando en que las dos imágenes no tienen que ver, yo si le veo su parecido, sigo viendo un pueblo que se mantiene con vida y que no dejara de luchar contra aquellos a los que se enfrentó siempre, en donde está el verdadero rostro de la violencia, donde debería de apuntar el foco, en aquellos que nos roban nuestras casas, nuestras tierras y matan de hambre a nuestra gente.
                                    



Puede que otra vez volvamos a fracasar y quizás nunca lleguemos a conseguir el objetivo final, el mismo del principio, pero para eso sirve la utopía, no?

Porque el amor a la libertad es un sentimiento más fuerte aun que el amor a la vida, hasta la victoria siempre!

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